Conciencia anatómica de los músculos

Los músculos son el caparazón que nos protege de toda posible agresión. Esa protección se tiene para resguardar los órganos más sensibles y delicados del interior del cuerpo.

Los músculos no tienen la solidez y la firmeza del hueso, pero poseen la cualidad de facilitar el movimiento, la gracia del gesto, dando densidad y resguardo a nuestro organismo. Son nuestro primer “vestido o ropaje”. Su función es proteger, arropar, aislarnos con su capa protectora de todo lo que nos puede perjudicar.

Conciencia anatómica de los músculos

Los músculos es una parte tremendamente viva de nuestro cuerpo, se “entera”, a su manera, de todo lo que pensamos, sentimos o hacemos. No vive aislado de nuestro identidad como personas, forma parte de todo un engranaje de vida y así hemos de aprender a mirarlo. La información que recibe el músculo de toda experiencia vivida, es gracias al sistema neurofascial, las fascias. Éstas es un tejido conectivo que se extiende en el cuerpo como red tridimensional desde el cráneo a los pies, de anterior a posterior y desde el interior al exterior sin interrupción. Es una envoltura y está formada por una inmensa red nerviosa que mantiene comunicados todos los músculos entre sí y da información de cómo están éstos a nuestro cerebro. Esta capacidad neurona-comunicativa es intrínseca de la fascia, ya que el músculo no la tiene; la fascia es, un punto muy importante en nuestro trabajo de yoga, porque haciéndola consciente y presente en la labor corporal, permite cambios cualitativos en el cuerpo muscular, informando y archivando del desarrollo de toda nuestra tarea reeducadora. Podemos decir que los músculos tiene conciencia propia gracias al sistema de fascias.

Las fascias actúan cuando el trabajo postural se realiza pausado y en estática. Entonces la conciencia puede hacer un seguimiento de todo el proceso realizado. Son dos aspectos que van juntos en yoga: quietud y conciencia; toda acción corporal que se ejecute con esa actitud potencia la integración personal. Es la calidad de esa atención corporal la que nos aporta cambios y regeneración; este hecho se conoce desde siglos atrás en el mundo del yoga: “Donde va la conciencia, va la energía”. Con los músculos-fascias ocurre los mismo.

La conciencia tiene amplitud de visión, actitud de mirar sin implicarse en pensamientos prefijados (que siempre anidan en nuestra mente reflexiva); es ése el estado que hay que buscar. Acompañar el trabajo muscular con la conciencia, no lo olvidemos… se trata de entender el proceso y facilitarle la tarea aprendiendo a no crear tensiones y bloqueos.

Una buena labor muscular en yoga empieza desde el exterior y gradualmente se penetra hacia el interior.

Los músculos superficiales tienen la misión de desplazarnos, de accionarnos, de proyectarnos.. Son masas grandes de tejido muscular estriado, preparado para permitirnos el movimiento cotidiano. Reciben la carga cotidiana. Las contracciones que se fijan en ellos vienen de las experiencias diarias.

Los músculos profundos tienen la finalidad de sostener más firmemente los huesos y articulaciones. Son casi como “huesos de soporte”. Son muy firmes, sus fibras son lisas y en su memoria están las vivencias de nuestro pasado.

Mirémonos como si fuera un vestido que recubre nuestro cuerpo y descubrir realidades nuevas en nuestra musculatura.